Hace apenas hora y media que los pájaros que anuncian la llegada del alba taladraban mis oídos. Estaba a punto de terminar de ver V for Vendetta y esos dichosos bichos estropeaban con sus cantos la llegada de la rebelión del 5 N. Subí el volumen del portátil un poco más y cerré el ventanal del comedor de mi amiga Olga esperando no escuchar nada más que el final del film que tenía entre manos.
A las 06:00 a.m. terminó la película y yo aún tenía los ojos como platos. Sentada en aquel sofá me vino a la mente que ya era la segunda vez que no lograba conciliar el sueño en esa casa. Un aluvión de imágenes con sus respectivas palabras desordenadas, y a veces sin ellas, atacó mi mente. Me llevé las manos a la cabeza y me rasqué el cuero cabelludo: ¿Otra peli? Ufff ¿Música? Doble uff. Una de aquellas imágenes dejó de ser borrosa y veloz para transformarse en nítida y lenta, paseándose ante los ojos de mi mente, incitándome a entrar en acción.
Necesitaba pluma y papel y para estos casos llevaba siempre en el bolso un pad con una pluma incrustada entre las anillas. Puede que no fuera una idea brillante pero me entretendría para, al menos, no empezar a destrozarme las uñas a bocados. Siempre dije que la escritura era mi tranquimazin particular.
Así que empecé a darle cancha a la tinta que corría como si mi vida dependiera de ella. Completé tres hojas casi sin respirar. Cuando estaba por finalizar mi estómago rugió. Necesitaba desayunar algo, en casa de mi amiga no había nada pero me encontraba en un barrio repleto de cafeterías y de bares.
Eran casi las siete cuando como una loca obsesiva empecé a rebuscar en mi bolso alguna moneda perdida pues sin dinero a lo sumo podría sentarme en un banco de la plaza de abajo y mascar hojas de árbol o chupar culos de flores. Tuve suerte, cosa que hace tiempo que no tengo, y encontré algunas monedas. Ya no solo el hambre me llevaba a huir de allí sino también el agobio que es esperar que mi amiga se despierte, el sin ser que es mirar al infinito por ese enorme ventanal que había delante de mis ojos, atravesando edificios y queriendo ir más allá de donde estaba. Esta vez escaparía no sin antes dejar una nota sobre el ya dormido portátil:
querida Perra:Acto seguido me atreví a asaltar su bolso, cosa que puede que más tarde pagara con mi vida, en busca de las nombradas llaves y cuando logré atraparlas, las metí en mi bolso y corrí hacia la puerta.no he podido sobar en toda la noche, tengo hambre y he decidido ir en busca del alimento perdido, aunque tenga que pelear contra el mismo Darth Vader para conseguirlo. Si no vuelvo no llores por mí pues habré logrado por fin ser una con la Fuerza.
1 huesito
pd: si no encuentras tus llaves es que las tengo yo
Hambreee, groan, café, grrr, croisant arff!
Tengo fama de ser lo más parecido a una bestia salvaje antes de desayunar, hubo una época en la que nadie se dirigía a mí, bajo ningún concepto, antes de provar el dulce bocado matinal. Cuando salí del portal para encontrarme con la realidad, vaya una realidad que me encontré:
las 07:00 a.m. y no había nada abierto. ¿Cómo podía pasar eso un miércoles, día laboral, en una zona de bares y cafeterías? La calle parecía una escena de Abre los ojos y yo era Eduardo Noriega en busca de un desayuno.
Mi ojo derecho empezó a tintinear. Nervios, un tic heredado de mi querida madre que me asaltaba como previo aviso del cercano pinzamiento físico y mental que estaba a punto de sufrir.
Hambreeeeeee grrrrrr!
De repente, como canto celestial, llegó a mis oídos el familiar ruido de movimiento de mesas y sillas de la terraza de un bar. El tic finalizó sin haber llegado a ser casi nada y una cálida sonrisa asomó, tímida, mientras mis pies danzaban directos hacia el ruido. Entré en el bar y mi cara cambió cuando no vi siquiera la cafetera encendida. Miré al camarero que barría el suelo del local:
Groan, café?
Con un gesto de su cabeza me dio a entender que no. El tic volvió. Me quedé mirándolo un rato largo, como queriendo fundir sus sesos de mono con mi terrible e inexistente poder mental. El chaval me ignoró dando media vuelta y continuando su tarea.
A lo lejos los cantos de los pájaros se elevaron sobre el ruido de los coches, casi parecían buitres esperando mi desvanecimiento. Quise ser la única poseedora de un proton-cañón en el mundo pero por tener no tenía ni una piedra. Resignada, mosqueada y con el tic por compañero me fui calle abajo buscando un bar, una cafetería, una panadería joder, maldita sea!
Grrrrrrr, hambreeee!!
Era inminente, la bestia estaba cerca, ya había dejado de articular un lenguaje fluido propio de un ser racional, la sangre me hervía y aquello era la señal que necesitaba mi cuerpo para mutar. Conforme avanzaba hacia la avenida mis pasos pasaban de ser pesados a ágiles, mi cuerpo entero se hacía más y mas grande y también peludo, crecía mi coxis presumiendo de cola, se abría mi torax, mi humana nariz se juntaba a mi boca y juntas se elevaban hacia afuera, poderosas garras tomaban mis manos y grandes orejas puntiagudas asomaban a ambos lados de mi melena. Un potente rugido detuvo por un momento el vuelo de los pajarracos para hacerlos temblar de agonía.
Y mientras me cagaba en la puta que parió a la hostelería, mis pasos me estaban llevando a una pastelería-cafetería en la avenida.
El día se había apoderado de la ciudad casi por completo, quitando algunas nubes que se empeñaban en restarle iluminación a la mañana, así que no quise ilusionarme hasta ver una puerta de entrada o el olor a bollería recién hecha que ya estaba tardando en llegar. Iba sin dormir y transformada en bestia. Aún cabía la posibilidad de que solo fuese un espejismo, una ilusión que en cualquier momento podía desaparecer, un contenedor disfrazado de Mamma Louise pues cuando una se transforma en bestia cualquier cosa aparenta deliciosa. Tenía la vista borrosa, me sudaban las manos, se me hinchaban las venas de las sienes de la ansiedad que me producía el hecho de estar equivocándome. Di el último paso para doblar la esquina y....
bingo!
Poco a poco, desde la entrada hasta la barra mi metamorfosis se fue remitiendo hasta volver a adoptar forma humana otra vez. Dotada del fruto de un pensamiento racional superior y de la articulación de sonidos en forma de palabra, me acerqué a la dependienta y con una amplia sonrisa le dije:
Un café con leche, corto de café, y un croisant, por favor.




2 almas:
Puedo decir desde mi experiencia, que todo lo relatado aquí es verdad.
La unica cosa que ha sido capaz de alejarme de la barra de un bar, de un cubata o de una hoguera de San Juan ha sido el apetito matutino de esta joven.
Durante años revisaba el bolso antes de salir de fiesta...veamos, las llaves, teléfono, cartera, condones, maquillaje, y algo de comer por si se nos hace de día y a la bestia le da hambre.
Muchas fiestas han terminado con un súbito desplazamiento a la gasolinera mas cercana, o en su defecto en casa para desayunar.
Es cierto, es todo cierto, transmutación hominida incluida
lo dices porque me quieres :3
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