jueves, 21 de mayo de 2009

1 pequeña muerte, con 1 basta


No se si, cuando ella nació, su destino ya venía marcado. No se si, cuando su madre la miró por primera vez en la sala de partos, no sonrió. Ni siquiera se si, a los 5 o 6 años , montó por primera vez en bicicleta, si en la adolescencia apareció su primer amor o si tiene una amiga de la cual nunca se va a separar. No lo se. No lo se porque hace 4 meses que la conozco y lo poco que se de ella es tan triste que no encuentro palabras para contaroslo. Lo que si se es que Rakel apareció en mi vida como un torbellino. Había conocido muchas chicas como ella en mis 30 escasos años de vida y había leído sobre otras tantas más en los libros que mi madre me traia a casa cuando yo solo era una niña entrando en la adolescencia. Pero la teoria dista mucho de la realidad.
Hablé, por primera vez, con ella una mañana que bajé a desayunar a casa de mi vecino. Estaba sentada en el sofa del comedor, tostada en mano, leyendo un libro que yo conocía desde hace tiempo, "El hombre en busca el sentido". En cuanto me vió se levantó, dejó el libro y me ofreció su tostada y su café. Su cara era la de una niña todavía por formar pero sus ojos te hablaban de una vida pasada que había apagado toda razón de ser. No me equivocaba. Antes de terminar mi desayuno ya conocía todo lo que le había sucedido en los últimos años. Impulsiva, nerviosa, melancólica, sin horizonte, parecía que se ahogaba en cada palabra, en cada suspiro.
Con solo 16 años había conocido a su ex, al que no había podido olvidar a pesar de todo lo que le había sucedido a su lado. Abandonó su vida hasta ese momento para irse a Barcelona detras de un sueño que jamás se cumpliria. Fue entonces cuando la realidad la fustigó hasta reducirla a la mínima esencia. Todo lo que tocaba se tornaba inestable, todo lo que anhelaba se evaporaba. Pero tragó, tragó porque, en el fondo de toda su miseria, seguia creyendo en ese sueño. A los 17 descubrió la cocaina, sustancia que le ayudó a levantarse por las mañanas, a sonreir cada día. Controlada por un hombre que solo la usaba para su propósitos, Rakel, encontró en la cocaina una manera de vivir sin sentimientos. Parecía que las cosas mejoraban. La droga le daba la seguridad que no encontraba dentro de si misma. Pero la coca tiene vida propia y mas pronto de lo que creyó se volvió en su contra. Por supuesto estoy generalizando, no quiero que os pongais a llorar leyendo todos sus traspiés a cada paso que daba.
Hay una linea muy delgada entre las drogas duras y la pérdida del sentido. No sabemos como funciona ni en que casos hay más posibilidades de atravesarla, sobretodo si no sabemos en que estado nos encontramos mentalmente. Yo tengo una teoria que tal vez os suene demasiado nietzscheana, y es que hay gente débil y gente fuerte. Rakel siempre fue de los débiles pero ella eso no lo tuvo en cuenta nunca. Tal vez porque no quería admitir que tenia un problema. Tal vez porque no lo sabía en su ignorancia infantil. A los 20 años resbaló una vez más, pero esta vez el traspiés la llevó muy lejos de toda esa maleante vida. Despertó una mañana en una cama que no era la suya, desorientada, frustrada, pasó un tiempo hasta que se dio cuenta donde estaba y porqué. Lo primero que hizo fue llamar a su ex. Hasta dónde llegaba su dependencia emocional que recurrió al que le había dado a conocer todo lo que la había conducido hasta el departamento de psiquiatría del hospital de Valencia. Tras un tiempo encerrada en contra de su voluntad, pues no reconocía su estado, Rakel vio otra vez la luz del sol y el color de la hierba en primavera. Sus pertenencias solo ocupaban una bolsa llena de papeles de diversos diagnósticos y recetas. Pero ella no era una enferma. Era una luchadora y en cuanto salió del hospital se puso a trabajar. Mal hecho pequeña. Como siempre vuelta a tropezar con la misma piedra. Duró en el trabajo 3 meses y depués otra vez a lo mismo. Ya no era cocaina pero si porros, alcohol y su medicación, que se la tomaba cuando le venía en gana. No comía bien, no dormía nada, iba de fiesta en fiesta en fiesta, de hombre en hombre, tal vez esperando que algun príncipe azul la salvara. Pasaron un par de años en los cuales intentó terminar el instituto, sin ningun resultado satisfactorio.
Y he aquí que conoció un día en un bar a mi vecino. Y por fin supo que, el cariño, existia de verdad, que el amor no era solo un cuento de hadas. Lo supo en una noche. Lo supo por como la tocaba, tan diferente a todos los malnacidos con los que había estado. A la mañana siguiente fue cuando la conocí. Pensé que necesitaba una amiga, alguien que le pudiera enseñar otro mundo, nuestro mundo, un mundo donde no tienes que arrodillarte para conseguir nada. Un mundo donde te dan sin pedirte nada a cambio. Pero ella ya estaba marcada y no atendía a razones. Estaba encerrada en un círculo del cual ya no podía salir. Estaba acostumbrada a regalarse a cualquiera y eso yo no podía cambiarlo sin su consentimiento. Hiciera lo que hiciera, Rakel, siempre se encontraba con su pequeña muerte: ella misma, daba igual a donde huyera y en quien se refugiara, no importaba porque ella siempre estaba allí.
Hace 3 semanas tuvo una recaída en casa de mi vecino, nosotros ya lo veiamos venir pero ella no nos escuchaba, había perdido ya el norte, nosotros no podíamos hacer nada más que llevarla a urgencias y esperar que no se repitiera la misma historia. Vosotros pensareis que es ridículo que una persona que acabas de conocer hace menos de 5 mese te cale tan profundo, pero si conocierais a Rakel se que me dariais la razón, se que intentariais ayudarla y se que fracasariais, como yo. Y os doleria pensar que nadie la aguanta, que nadie quiere saber nada, que todos la dan de lado. Pero yo se que en el fondo de su corazón aun late esa llama de esperanza. No se si conseguirá aferrarse a ella de algun modo, no se siquiera si quiere aferrarse a algo en esta vida. Pero si se que Rakel llora cada noche buscando una salida de si misma, de su otro yo que no la deja seguir adelante, de su pequeña muerte.


2 almas:

Anónimo dijo...

Yo pienso que no hay gente débil y gente fuerte, yo lo que creo es que hay gente que decide ser débil y gente que decide ser fuerte, y también tenemos días indecisos, donde somos un poquito fuertes y un poquito débiles, entre otras cosas. Pero la voluntad de cada uno es la que nos hace quien somos, no nacemos en un molde, nosotros decidimos moldearnos a nosotros mismos, con mejor o peor fortuna. Pero claro, es solo mi opinión.
Perbane.

lycankali dijo...

el hecho de decidir entre fuerte y débil ya nos condiciona a tirar más de uno o de otro, sin olvidarnos de que situaciones nos llevan a serlo