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Pasan de largo los terremotos
Una copita de vino y una hoja en blanco,
sentada en mi silla, tan o más vieja que yo,
aparecen palabras que intentan tomar forma.
Son cortas, esquivas, ahora distantes,
las sigo y gesticulo con mis manos
para llamar su atención.
Me dan esquinazo, son juguetonas,
las oigo reir, no están muy lejos,
enciendo un cigarrillo para el camino.
Venid, pequeñas, ¡no huyais!,
que este brebaje de mi se apodera
y voy perdiendo agilidad en mis manos.
Entra en escena una melodía,
que se pega a mi cuerpo,
desvaneciendo a las niñas.
Y ya no oigo sus risueñas voces,
solo una canción de Sabina
que se apodera de mis labios:
...pasan de largo los terremotos.
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