Todos corren, disfrazados, su pasado ahora, es una máscara, riendo sobre lechos de espinos, espinos que yacen vestidos de hermosas rosas; sus aterciopelados pétalos innundan el camino al cielo y la cegadora luz en mi sueño ya no brilla blanca, pura.
Tu mano en mi pecho, mis ojos en la luna, callamos, sonreímos y al juntar las miradas las chispas saltan de su lecho recordándonos que nos queremos, que la felicidad existe y el amor no es utopía.